La vocación
La primera respuesta que a todo aspirante a tertuliano o tertuliano en ciernes (indistintamente úsense) se le viene a la lengua cuando tiene la idea de crear un blog es: “Por qué no”.

Aquellos maravillosos años. Terraza del Café Gijón.
De hecho, el tertuliano en ciernes, que ha seguido la carrera de muchos tertulianos profesionales y que aspira a ser uno de ellos algún día, pertenecer a su camarilla y poder mirar al resto de la humanidad por encima del hombro sentando cátedra allá por dónde va, digo, que el tertuliano en ciernes no se pregunta nada, solo responde, el tertuliano en ciernes no se pregunta “por qué crear un blog”, el tertuliano en ciernes solo responde “por qué no” sin saber qué está contestando ni a quién, con ese perenne tono agresivo del tertuliano, ese tono de defensa propia sin ataque previo alguno.
Hace años, cuando era niño, como cualquier chaval en esa edad, me imaginaba de mayor con distintas profesiones. Torero, bombero, bombero torero, agente de seguros, comisionista, ginecólogo, banquero, proctólogo, tahúr, domador de leones, anestesista..., todas profesiones muy dignas y con salida que decían entonces y que se sigue diciendo ahora. Quería ser todo, sin saber exactamente qué. Hasta que un día, viendo la televisión, descubrí para lo que verdaderamente había nacido. Sí, la televisión hizo que me topara de bruces con mi vocación y a cualquiera que maldiga la televisión yo le maldeciré siete veces siete. Empezaba a estar harto de Barrio Sésamo, contar hasta doce con el Conde Drácul (Count Dracul, qué gran juego de palabras que nos perdimos en nuestra más tierna infancia; un, dos, tres, cuatro...) no satisfacía mis aspiraciones en la vida. Creía que la televisión no podía darme más que condes contadores, erizos rosados, panaderos empanados y monstruos comegalletas, pero no, craso error infantil, una tarde lluviosa de invierno todo cambió. En la pantalla había un señor con barba hablando de la guerra de las Malvinas y alabando a continuación el buen vestir de la duquesa de Alba en un acto social. Ese hombre y su labia me hipnotizó. Y me vi haciendo lo mismo que ese señor en un futuro no muy lejano, en esa misma pantalla de televisor con colores recién descubiertos en mi casa, una Elbe (un sucedáneo barato de Grundig, creo recordar, y que todavía hoy funciona; si es que ya no se hacen teles como las de antes) estrenada para el Mundial ’82, gracias a la cual pude apreciar que Naranjito era en verdad de color naranja, aunque un naranja pálido que no sé yo si era por falta de vitamina C o porque los colorines de la pantalla todavía no eran de excesiva calidad.
La cuestión es que acababa de descubrir que no quería ser ni torero ni bombero ni bombero torero ni agente de seguros ni comisionista ni ginecólogo ni banquero ni proctólogo ni tahúr ni domador de leones ni anestesista ni otra cosa que no fuera la misma que la que hacía ese señor de la televisión.
Sí, acababa de descubrir que quería ser tertuliano.
Luego, por vicisitudes de la vida, he acabado ejerciendo todas y cada una de las profesiones antes dichas, y nunca, repito, nunca, he podido ser tertuliano. Pero esa es otra historia.

4 Comments:
Yo también he querido ser siempre tertuliano. Esto es, hablar de todo sin saber de nada. El sueño de todo ser humano... el primer paso es reconocerlo, oye.
¡Y que ilusión, soy el primero comentario de la historia de este blog! ¡Oh, yeah!
Un placer, acho, que seas tú, con esa virilidad, con esa potencia, con ese brío, uh, uh, el primero en desvirgar este blog.
Espero que este sea un sitio promiscuo en lo referente a posts y comentarios, entiéndase la "metosfera". Es lo que tiene ser tertuliano en ciernes, que uno puede inventarse palabros en pro del enriquecimiento del vocabulario patrio.
¡Lázaro Carreter, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!
I found some search engines.
But i dont understand the type it.
levitra
phentermine
carisoprodol
Best flower for you girlfriend
BEST FLOWER
soma or here phentermine
Post a Comment
<< Home