Thursday, April 27, 2006

Últimas noches con Teresa V.

En el anterior post lo reconocí, sin banda negra en los ojos, sin voz distorsionada, sin que Carlos Carnicero me invitara a abandonar la oscuridad del anonimato, a pelo, así, diciendo, aquí estoy, soy un tertuliano en ciernes y me pone Teresa Viejo (televisivamente hablando).

La carrera de Teresa V., esa mujer a la que algún día Juan Marsé le escribirá un libro titulado Últimas noches de late night con Teresa, ha sido espectacular. De presentadora de la Primitiva a directora de Interviú, de chica Hermida a ser una profesional con nombre y apellido propio, con un estilo que le está convirtiendo en esa figura que todas las cadenas de televisión necesitan, esos presentadores y presentadoras que igual te valen para un roto que para un descosido. ¿Qué no sabemos a quién poner? Pues ponemos a ese presentador modelo arregladorderotosydescosidos que seguro que nos garantiza un mínimo de audiencia. Un gran número de espectadores ven el programa de tal o cual presentador, independientemente de que sea un reality show o un debate sobre la cochinilla en el sector textil. El mayor exponente de esa figura de presentador arregladorderotosydescosidos es Jesús Vázquez. Tele 5, como en tantas otras cosas, le había ganado la batalla a Antena 3. “¿Cómo es que ellos tienen un presentador de esas características y nosotros no?”, debió de preguntarle Carlotti a sus vasallos correveidiles. Y ellos, probes mortales, debieron responderle. “¿Usted qué opina, señor? ¿Usted por qué cree que la competencia tiene un presentador de esas características y nosotros no?”. Todos sabemos que responder con preguntas es de muy mala educación y sospechosamente gallego, pero en el mundo de la televisión, como en tantos otros, es la norma dirigirse de ese modo a los demiurgos de las ondas. Así pues, Carlotti, teniendo que responderse a sí mismo, dichosos dilemas filosóficos y existenciales, tuvo una idea. “Necesitamos un presentador modelo arregladorderotosydescosidos. No. Mejor aún. Una presentadora. Y a ser posible, rubia.”. Dicho y hecho. Al tercer día, Carlotti creó a Teresa Viejo, aunque no a su imagen y semejanza, porque ella tenía y tiene personalidad suficiente para decir: "Yo soy un ser único, excepcional e irrepetible".

¿Pero por qué me fascina tanto Teresa V.? ¿Acaso dejé de fumar con su Es fácil dejar de fumar? ¿Perdí esos antiestéticos michelines con Es fácil perder peso? No, pero eso es lo de menos. Teresa V. me fascina y ya está, sin explicación racional alguna, porque sé que T. siempre me va a sorprender. Y lo que mis ojos televisivos presenciaron el pasado domingo, reafirmaron no solo mi postura, sino también mis pechos decadentes (es una forma de hablar).

Declaro el 23 de abril como día oficial de mi enamoramiento absoluto de Teresa Viejo.

El programa llevaba por título El exorcismo de Marta, producido por El Mundo TV y aderezado con las sabias palabras de Melchor Miralles, experto en complots o comploses, productor cinematográfico y lo que le venga en gana, que para eso lleva el reloj en la muñeca derecha adornada de pulseras variadas al más puro estilo desenfado josemari. ¿Y qué era El exorcismo de Marta? Nunca un título definió tan bien su contenido. Efectivamente asistíamos al exorcismo de Marta, siempre manteniendo su economato, que diría Gomaespuma. ¿Los protagonistas? Marta, nombre de ficticio de una chica poseída por un demonio malo, malo, que hacía que esta pobre en la edad del pavo emitiera sonidos guturales muy desagradables y sintiera repelús ante símbolos cristianos, y un cura de barba sin bigote y gafas que le multiplicaban por ciento tres el tamaño de sus penetrantes pupilas y que ejercía de exorcista. Muchos pensarán, bah, la chica estaba así porque es lo que tiene la adolescencia, es una época en la que el metabolismo cambia, tendrías que haber visto a mi Mari Yesi, que le salieron granos por todos lados y no había día que no me llamara zorra malnacida, pero no hay nada que el tiempo no cure. Y sí, el cura estaba de acuerdo, el tiempo lo cura todo, de hecho, la chica, Marta, llevaba tres años de exorcismos, pero todavía le quedaban unas cuantas sesiones más para expulsar del todo a ese belcebú poseedor de teenagers, deseoso de carnes jóvenes e inocentes. ¡Tres años de exorcismos y todavía satán se resistía a emigrar a otro cuerpo!
Melchor Miralles, director general de El Mundo TV
Qué grande. Después de un programa así, ¿cómo no podía caer rendido a los pies de Teresa V.? Insuperable. ¿Insuperable?
No, Teresa siempre puede superarse. Leo hoy en vertele.com que el próximo 7 de mayo, Teresa Viejo, mi Tere, presentará Es fácil mejorar tu vida sexual. No sé si podré esperar tanto tiempo para verlo.

Este Es fácil mejorar tu vida sexual forma parte de la hasta ahora trilogía Es fácil de..., que con suerte llegará a decálogo. Se admiten sugerencias para encontrar y completar los temas de esos siete programas que faltan. Yo añado Es fácil aprenderse las capitales de provincia. Sí, porque querer es poder. Ese es el mensaje que lanzan estos programas que cumplen con creces la parte de utilidad pública que a todo show de entretenimiento se le debe exigir. Y ahí está ella, mi Tere, detrás de todos ellos. Teresa Viejo, esa especie de Teresa de Calcuta posmoderna que vive para hacernos la vida más fácil, para enseñarnos que para conseguir algo, solo tienes que proponértelo. Se critica de los nuevos adolescentes y prepúberes que no conocen el significado de la palabra esfuerzo, que no saben qué es eso de la fuerza de voluntad. Y todos nos escandalizamos al mismo tiempo que protegemos a nuestros menores de cierto horario y contenido audiovisual. La situación de esta nuestra juventud tiene fácil arreglo. ¡Que sean de visionado obligatorio todos los programas de Teresa Viejo! ¡Que nombren a Teresa ministra de Educación (o de Cultura)! ¡Quitemos de las aulas de escuelas públicas, privadas y concertadas todos los retratos del rey y pongamos en su lugar la foto de Teresa V.!

Larga vida a Teresa V.
Teresa, te amo.

Y gracias de todo corazón por enseñarme que es fácil dejar de fumar, que es fácil adelgazar y que puedo mejorar mi vida sexual viendo tus programas. También sé, aunque no me lo hayas enseñado tú, que es fácil apagar el televisor. Sí, pero eso es algo que jamás se me pasará por la cabeza siempre que tu presencia ilumine la azulada pantalla de mis noches en vela.

Teresa... ¿Qué es televisión? ¿Y tú me lo preguntas? La televisión eres tú.

Tuesday, April 18, 2006

Mi mando a distancia está de luto

Era viernes, las dos de la tarde y soplaba barlovento. Unos seres amarillos y animados esperaban ansiosos para proceder a su espectáculo y devorar de una vez y para siempre sus carnes. Y allí, entre tertulianos varios, sin soltar una sola lágrima, con un escueto “adiós”, dura como un islote en medio de la nada hertziana o digital, Mari Tere se despidió de todos nosotros. Sí, porque, españoles, la Campos ha muerto. Televisivamente hablando, se entiende.

Adiós, Mari Tere. Te echaremos de menos.

En lo que a mis aspiraciones de ser un profesional de la tertulia se refiere, con esta despedida de la Campos, mis opciones se reducen drásticamente. Una moderadora menos a la que enviar cartas de amor, flores y bombones (sí, yo soy el responsable del sobrepeso de MT). Tantos años de trabajo, de peloteo, tirados a la basura por una ingrata audiencia, por un cúpula televisiva mafiosa e irrespetuosa con la más grande, a la que Botero debería inmortalizar en una de sus estilizadas figuras y ponerla en el hueco dejado por la estatua de Paquito y su caballo. Allí, en Ríos Rosas, iríamos todos sus admiradores cada 7 de abril a recordar la memoria de nuestro ídolo cantando una muy particular versión de la mítica “Marcial, eres el más grande”.

Sí, Campos, eres la más grande. Y sin segundas intenciones. Sí, Campos, has muerto (televisivamente hablando), pero vivirás por siempre en nuestra memoria.


MT es la primera difunta de las chicas Hermida. El panorama televisivo que se nos acerca es desolador, lacrimógeno y parece que habrá que comprarse unas gafas oscuras para llorar en la intimidad. ¿Quién es la siguiente? ¿Consuelo Berlanga? ¿Irma Soriano? ¡¡¡¿¿¿Nieves Herrero???!!! Chicas Hermida, cuando los pelos de las piernas de vuestras vecinas veáis rasurar, empezad a comprar Veet.

¿Pero es que acaso las chicas Hermida han dejado de estar de moda? No lo creo. Ahí está, por ejemplo, Teresa Viejo, gracias a la cual dejar de fumar, adelgazar y jugar a los dardos es fácil si te lo propones, o su extraordinario Siete días, siete noches, esa oda perenne a la cámara oculta y al desenfoque, cuyo lema parece ser "no dejes que una noticia te impida hablar de sexo", programa donde cualquier tema toma una relevancia especial, donde se ha demostrado que la investigación del genoma de la cebada puede ser interesante si le distorsionas la cara y la voz a un señor.

A: Oiga, ¿eso que lleva ahí es una cámara oculta?
P: ...
A: ¿Pero para qué la quiere, si le he concedido la entrevista?
P: ...

Música tétrica de fondo con algún que otro tachán y una voz en off que dice: “Detrás de tanta amabilidad se encuentra la verdadera cara de los investigadores del genoma de la cebada, de aquellos que orquestan el complot del botellón para acabar con nuestra juventud. Y mientras tanto, ¿qué hacen los padres de esos chicos engañados por el lobby cervecero? Seguro que estar de pirulas y follar como animales en celo en Ibiza, engañados por el lobby hotelero de las islas". Otro tachán de música, otro lobby y apañado.

No quería desviarme del tema, pero lo he hecho. Teresa Viejo me pone, televisivamente hablando, claro. Eso no significa que te vaya a ser infiel, Mari Tere, y que a reina muerta, reina puesta (de pirulas en Ibiza). No, ni mucho menos.

Además, tranquila, Mari Tere, tranquilos, españoles, que la semillita de Hermida seguirá reinando en la televisión. Esas a las que la Campos y otras hermidianas han amamantado en sus programas, o lo que es lo mismo, las nietas televisivas de JH, nos garantizan la permanencia del estilo Jesusito eres niño como yo en su vertiente más femenina. Sí, por suerte, señoresssss y señorasssss, el relevo está asegurado.

Terelu y Yolanda Flores, las relevistas

Y para concluir, una entrevista a Teresa Viejo que no tiene desperdicio.

¡Nunca seré un chico Campos!

Tuesday, April 11, 2006

"Mamá, quiero ser tertuliano"

Por aquel entonces, cuando el voraz deseo de ser tertuliano de mayor se adueñaba de mis infantiles e ilusionadas entrañas, no sabía cómo se llamaban esas personas que salían en la televisión o que se escondían en la radio y que hablaban sobre todo. Busqué en el diccionario una entrada que se correspondiera con esa definición, pero no la encontré (tampoco pasé de la “a”). ¿Carecería el rico vocabulario español de una palabra para esos sabios? Y en esa reflexión me di cuenta de lo que casi seguro eran. Sabios. Pronunciaba la palabra, sabios, y me quedaba con la boca abierta, saaaaabiooooos, personas que hablaban sobre todo con tanta seguridad solo podían ser una cosa: sabios (léase saaaaabiooooos), sabios de luengas barbas blancas y túnicas celestiales. Luego descubrí que no se les llamaba sabios, sino tertulianos, y que no era imperativo la túnica blanca en sus indumentarias ni la luenga barba blanca en sus rostros, aunque se agradecía y favorecía la pose en las fotografías tono sepia. No se les llamaba sabios, pero ya no me importaba, tenía claro lo que quería ser cuando fuera mayor, lo había decidido y así se lo dije a mi madre, de la misma manera en que Concha Velasco se lo hubiera dicho a la suya: “Mamá, quiero ser tertuliano”. Mi madre, con los ojos llenos de lágrimas, me dijo: “Culoveoculoquiero”. Y con un trapo de cocina se limpió las lágrimas que por la mejilla le caían y siguió pelando cebollas.

“Culoveoculoquiero” es la primera de las características que mi madre resaltaría de su hijo (o sea, de mí). El culoveoculoquiero como ejemplo de encapricharse rápidamente de algo para luego desencapricharse con similar velocidad. Pero aquella vez era distinto, tenía que demostrar mi fuerza de voluntad, tenía que demostrar al mundo entero (o por lo menos a mi madre) que realmente quería ser tertuliano y que tenía capacidad de sobra para alcanzar mi meta. ¿La tenía?


Cada día espero sus llamadas

Hice una lista con mis características para comprobar si coincidían o al menos se aproximaban a las que yo creía que un buen tertuliano debía tener.

a) Gran capacidad para opinar sobre todo. Cumplido.
Que mi madre hacía cocido, pues yo decía “ese cocido es una mierda”. Al principio, se opina sobre cosas concretas, luego ya sobre conceptos más generales. Así pues, al principio decía “ese cocido es una mierda”, pero más adelante ya me aventuraba a afirmar que “los garbanzos son una mierda”. Véase el salto cualitativo que hay de decir “ese cocido es una mierda”, ese cocido y no otro, a decir “los garbanzos”, así en general, “son una mierda”.

b) Opinión cambiante. Más que cumplida. El arte de donde dije Diego, digo digo, sin ruborizarse lo más mínimo, y llamar a ese proceso evolución, nunca cambio. Ahora, por ejemplo, adoro el cocido de mi madre y los garbanzos en todas sus expresiones culinarias. ¿Cómo puede alguien pensar que a mí no me hayan gustado alguna vez los garbanzos?

c) Gran capacidad para la réplica. Cumplidísima.
Ej. de réplica.
X: Un año tiene 365 días y un cuarto, por eso cada cuatro años sumamos un día más y se llama año bisiesto.
TERTULIANO EN CIERNES (TEC): Porque tú lo digas.
Y así crecí, mejorando el arte de la réplica hasta que alcancé un grado superior con mis primeros vellos púberes: la contrarréplica.
Ej. de contrarréplica.
X: Un año tiene 365 días y un cuarto, por eso cada cuatro años sumamos un día más y se llama año bisiesto.
TEC: Porque tú lo digas.
X: Que sí, de verdad.
TEC: Y tú qué sabrás, anda, déjame en paz.

¡Enhorabuena a mí mismo! Cumplía esos tres requisitos, suficientes para considerarme ya un auténtico tertuliano en ciernes.

Era quizá en la disciplina de la réplica donde más cómodo me sentía. De hecho, sí, lo reconozco, fui el inventor del rebotarebotaytuculoexplota (asítodoseguidoysinrespirar), expresión que ha triunfado al paso del tiempo y de las generaciones. Y la he cedido a la Humanidad, así, gratis, sin recibir ni un solo euro por los derechos de autor. Aunque he de sincerarme y reconocer que también fui inventor del menos exitoso “atontado, aguarrado y acerdado”, expresión que no caló en la sociedad y que se quedó sin pasar al acervo popular, aunque triunfó con gran regocijo, alborozo y sonrisas sinceras en el ámbito familiar, donde dicho sea de paso, nunca se habló catalán, y mira que nos hubiera gustado a todos haber coreado los goles de Cruyff, Kubala y Romario en versión original, sin doblajes, que los goles cantados en su lengua vernácula son más bonitos.

Antes, un tertuliano en ciernes. Ahora, el mismo tertuliano en ciernes.

Desde entonces he esperado una llamada de Mari Tere, de Ana Rosa, de Federico, de Cesitar, de Curry (para cuándo señores y señoras de TeleMadrid ese programa llamado Sabor a Curry, la ciudadanía lo pide a gritos) y nada.

¿Un tertuliano en ciernes para siempre? ¿Cuándo la profesionalidad de la tertulia llamará a las robustas puertas de mi esperanza y constancia?

Monday, April 10, 2006

La vocación

La primera pregunta que todo tertuliano en ciernes o aspirante a tertuliano (úsense indistintamente) se hace cuando tiene la idea de crear un blog es: “¿Por qué crear un blog?”.

La primera respuesta que a todo aspirante a tertuliano o tertuliano en ciernes (indistintamente úsense) se le viene a la lengua cuando tiene la idea de crear un blog es: “Por qué no”.

Aquellos maravillosos años. Terraza del Café Gijón.

De hecho, el tertuliano en ciernes, que ha seguido la carrera de muchos tertulianos profesionales y que aspira a ser uno de ellos algún día, pertenecer a su camarilla y poder mirar al resto de la humanidad por encima del hombro sentando cátedra allá por dónde va, digo, que el tertuliano en ciernes no se pregunta nada, solo responde, el tertuliano en ciernes no se pregunta “por qué crear un blog”, el tertuliano en ciernes solo responde “por qué no” sin saber qué está contestando ni a quién, con ese perenne tono agresivo del tertuliano, ese tono de defensa propia sin ataque previo alguno.

Hace años, cuando era niño, como cualquier chaval en esa edad, me imaginaba de mayor con distintas profesiones. Torero, bombero, bombero torero, agente de seguros, comisionista, ginecólogo, banquero, proctólogo, tahúr, domador de leones, anestesista..., todas profesiones muy dignas y con salida que decían entonces y que se sigue diciendo ahora. Quería ser todo, sin saber exactamente qué. Hasta que un día, viendo la televisión, descubrí para lo que verdaderamente había nacido. Sí, la televisión hizo que me topara de bruces con mi vocación y a cualquiera que maldiga la televisión yo le maldeciré siete veces siete. Empezaba a estar harto de Barrio Sésamo, contar hasta doce con el Conde Drácul (Count Dracul, qué gran juego de palabras que nos perdimos en nuestra más tierna infancia; un, dos, tres, cuatro...) no satisfacía mis aspiraciones en la vida. Creía que la televisión no podía darme más que condes contadores, erizos rosados, panaderos empanados y monstruos comegalletas, pero no, craso error infantil, una tarde lluviosa de invierno todo cambió. En la pantalla había un señor con barba hablando de la guerra de las Malvinas y alabando a continuación el buen vestir de la duquesa de Alba en un acto social. Ese hombre y su labia me hipnotizó. Y me vi haciendo lo mismo que ese señor en un futuro no muy lejano, en esa misma pantalla de televisor con colores recién descubiertos en mi casa, una Elbe (un sucedáneo barato de Grundig, creo recordar, y que todavía hoy funciona; si es que ya no se hacen teles como las de antes) estrenada para el Mundial ’82, gracias a la cual pude apreciar que Naranjito era en verdad de color naranja, aunque un naranja pálido que no sé yo si era por falta de vitamina C o porque los colorines de la pantalla todavía no eran de excesiva calidad.

La cuestión es que acababa de descubrir que no quería ser ni torero ni bombero ni bombero torero ni agente de seguros ni comisionista ni ginecólogo ni banquero ni proctólogo ni tahúr ni domador de leones ni anestesista ni otra cosa que no fuera la misma que la que hacía ese señor de la televisión.

Sí, acababa de descubrir que quería ser tertuliano.

Luego, por vicisitudes de la vida, he acabado ejerciendo todas y cada una de las profesiones antes dichas, y nunca, repito, nunca, he podido ser tertuliano. Pero esa es otra historia.