Friday, June 16, 2006

Pocos, vagos y deformes

Como tertuliano en ciernes me veo en la obligación de alertar sobre un tema que leo hoy en elpais.es. El título del reportaje es Pocos, vagos y deformes y versa sobre la calidad del esperma de los españoles, calidad que parece ser ha descendido de manera alarmante en los últimos diez años. Pues sí, me alarmo. Aunque también es cierto que a la mayoría de los españoles poco le importa la calidad de su semen (salvo los que piensen en la paternidad), ya que lo único que quieren es repartirlo allá por donde puedan o les dejen. Es preocupante saber que nuestro pequeños espermatozoides ya no son tan revoltosos y juguetones como antes, dando la razón a esa creencia de que cualquier generación anterior era más fuerte y estaba hecha de otra pasta. Vamos, que antes la gente se caía por un terraplén y no se rompía ningún hueso, si acaso rompía las piedras que su cráneo encontraba por el camino. Pues eso. La cuestión ahora es buscar un culpable o varios de la debilidad espérmica, porque qué gracia tiene conocer datos alarmantes si no se puede eresponsabilizar de ellos a nadie. El artículo, en su afán inculpatorio, apunta a los clásicos: la contaminación, los malos hábitos alimentarios, el alcohol y el tabaco. Qué original, de nuevo culpando a los de siempre, como si no hubiera nadie más con quién meterse.

Titulo: FecundaciónAutores: Ramón Rodríguez y J. Omar Ruiz

http://www.omii.galeon.com/dibujoss.htm

Sorprende que el autor del reportaje no caiga en los detalles importantes del estudio y se quede obnubilado (o preocupado mirándose la entrepierna) por lo accesorio, cuando el dato fundamental lo tiene delante de sus narices. ¿Hace cuánto que la calidad del semen empezó a disminuir? Hace diez años. Y lanzo una pregunta al aire. ¿Quién llegó hace diez años al gobierno a regir nuestro destino universal como patria? Y como el aire suele ser bastante maleducado y no contesta las preguntas que se le lanzan ya me encargo yo de contestarme a mi mismo. Sí, el señor del bigote.

Está claro, la culpa de todo la tiene Aznar. Fue a partir de que él llegara al gobierno que nuestros espermatozoides empezaron a esconderse, a perder vitalidad, a perder la alegría de vivir. Pobres. Pero es comprensible. Me imagino esas charlas semíticas (que no se me enfaden los semitas por esta acepción relativa al semen que me acabo de sacar de la manga) en el calor testicular, echándose a suertes a quién le tocaba salir, sal tú que yo prefiero quedarme aquí, no, sal tú que yo todavía soy joven, que no estoy preparado, que me gustaría conocer estos parajes un poco más. Con Aznar se perdió la cualidad exploradora que siempre ha caracterizado a nuestros espermatozoides; con Aznar, Colón no hubiera descubierto ni siquiera por equivocación América. El espermatozoide es un ser frágil, que necesita de mimos y no de tiranos en perpetua pose de aquí mando yo, oiga usted. El espermatozide quiere que un óvulo seductor le invite a salir, a tomar algo y que después que se desborde la pasión, pero detesta las órdenes y no le gustan las citas impuestas.

¿Qué por qué me ha dado ahora por hablar de Aznar? Pues no sé. Supongo que porque anda muy olvidado el hombre por ahí y porque hace poco hable de Rajoy. Y sí, se vive de manera más tranquila desde que no sabemos nada de él, pero JM, como cualquier tirano de tebeo, debe estar pergeñando sus maldades. Quizá por eso hablo de él. Por eso y porque tengo cariño a mis espermatozoides y porque ellos se merecen que se señale con el dedo al causante de su pasotismo y desgana.

Wednesday, June 07, 2006

Colores invasores

Debe de haberse transmitido la moda de la colornografía del anterior post (¿hace cuánto que no escribo por aquí?) a mi televisor, así como viaja una enfermedad contagiosa o una plaga de langostas, no sé exactamente qué pasa, quizá sea una epidemia, la venganza de todas las ovejas y vegetales dollymutantes del mundo, la pandemia definitiva que acabará con la civilización tal y como la conocemos en la actualidad o el nacimiento del anticristo, o sea, tú, muy fuerte, colega.

No quería ponerme catastrofista, pero Armageddon al lado de esto, una mierda. La cuestión es que la pantalla de mi tele ha sufrido un extraño fenómeno por el cual se ha generado una mancha en los laterales que intoxica los colores. Me he informado de a qué puede deberse y comentan los entendidos en los foros que, casi seguro, sea debido a la desmagnetización del aparato. Toma ya, desmagnetización. No tengo ni idea si será así o no, lo único que sé es que la parte central de la pantalla se mantiene pura, un círculo sin mácula, con colores originales y ahora, más que nunca, puedo decir que mi televisor es una ventana al mundo exterior, como asomarse por una mirilla cotilla y curiosa para saber qué acontece en este mundo tan lejano y cercano al mismo tiempo.

Ver los laterales del mundo con una tonalidad rosada / violácea tiene sus ventajas y me ha servido, eso sí, para comprender de una vez por todas la diferencia entre la mezcla de colores por adición y por sustracción. Tiene su gracia ver el circo que sigue a Fernando Alonso con estos tonos y comprobar que la marea azul ahora es la marea rosa, camisetas rosas, caras rosas, banderas rosas (muy divertido pasar el filtro a la bandera española y ver que tiene un parecido más que asombroso con la bandera republicana; la bandera monarquicoparlamentaria convertida en bandera republicana).

Después de acostumbrarme a ver esos colores, he bajado a la calle y todo me ha parecido diferente a ayer, como equivocado, como si me estuviera convirtiendo en un daltónico que desconoce su daltonismo, como si existiera una conspiración planetaria para confundirme en mi visión de la realidad. Nada es blanco o negro, pero sí que hay un matiz verdoso o violáceo que cubre todo, al menos en mi realidad televisiva.

Ver el mundo así cuesta al principio, pero todo es acostumbrarse, así que no llamaré al técnico, me quedaré con el televisor así, asistiendo a una realidad de colores paralelos. Y no, no es que las setas que he comprado en el chino de la esquina me hayan sentado mal. No, ni mucho menos, es solo un problema técnico de mi televisor.

Por cierto, todo empezó después de ver la intervención de Rajoy en el Parlamento. ¿Tendrá alguna relación?